Plástico social

El plástico social está por todas partes. No como sublevación de los objetos ni como un concepto ampliado de arte, sino como materialización de las estructuras del pensamiento.

Cabe destacar el hecho de que cada una de las casas de una nueva urbanización de primer nivel en Lanzarote, esté equipada con una piscina estándar en forma de riñón sobre césped artificial en lugar de contar con una piscina comunitaria grande.

Del mismo modo, llaman la atención las regaderas en el cementerio de Berlín, enganchadas con un candado de bicicleta, una para cada uno de los difuntos, a fin de que sus allegados puedan cuidar su tumba hasta que ellos también fallezcan. Algunas regaderas parecen llevar mucho tiempo allí, incluso más que las tumbas que ya han sido vaciadas, solo quedan las regaderas como testimonio de los fallecidos, si no fueran anónimas y estuvieran abandonadas. Ya no son objetos de uso, tan solo objetos, a buen recaudo para toda la eternidad.

El plástico está por todas partes. Dicen que algunas playas, hoy en día, están formadas principalmente por granos finísimos de plástico y continuamente oímos hablar de las ya legendarias islas de plástico flotante que navegan por los océanos como expresión de nuestra convivencia.

Aunque no hace falta viajar hasta ellas, los tubos de plástico nos traen de vuelta a la civilización, los bolardos de plástico intentan en vano llevarnos por el buen camino y las flores de plástico se marchitan ante las tumbas de nuestros antepasados.

Los ajados maniquíes en los escaparates de los interminables y laberínticos pasillos que conforman los bazares de Teherán nos muestran las existencias iraníes sobre plástico fundido. Narices, orejas, todo aquello que sobresale, han sufrido diversos golpes, pero aparentan tranquilidad, conservan su forma en lo posible, estoicamente, pero resultan bellas a su manera a pesar de las lesiones sufridas.

El plástico dura mucho, mucho más que nosotros, de plástico están hechos incluso los contenedores en los que reciclamos el plástico y las cubiertas de las plantaciones de plátanos continuarán ondeando al viento mucho después de que nuestras cenizas se hayan dispersado.

Social plastic is everywhere. Not as a rebellion of objects and also not as a widened concept of art, but as a materialization of thought patterns.

Remarkable when each of the individually designed houses of a new upscale settlement in Lanzarote is equipped with its own standard kidney shaped pool tub on artificial turf, instead of creating a large basin for all residents.

It is also remarkable when there is a watering can for every dead person in the cemetery in Berlin, chained with a bicycle lock, so that only the authorized survivors can pursue grave maintenance until they die as well. Some cans look as if they have been persevering for so long that even the graves belonging to them have been leveled long ago. Then there are only the cans that could bear witness to the dead, if they not have been already anonymous and abandoned. They are no longer used objects, only objects, well secured; forever.

 Plastic is available all over the world, some beaches today consist mainly of the finest plastic grains – it is said – and there is always talk of the legendary floating plastic islands that rotate in the oceans as an expression of our coexistence.

But it is not worth the trouble to travel there. Plastic tubes supply us with civilization, plastic traffic bollards try vainly to channel us correctly, and plastic flowers wither in front of the graves of our ancestors.

The battered mannequins in the apparently endlessly networked interwoven and winding corridors of Tehran’s bazaars represent Iranian existences cast in plastic. Noses, ears, everything that protrudes is struck by various falls; but they behave calmly, keeping their form as far as possible in stoic silence, stilled beautiful in their injury.

 Plastic has been around for a long time. Longer than us. Even the containers in which plastic is to be disposed of are made of plastic, and the tarpaulins over the banana plantations still flutter in the wind when our ashes have long since disappeared.

A-moradas:red de arrú



La Galería Saro León acoge la exposición “A-moradas: red de arrú”, una mirada de sensibilización desde la mujer

A partir del día 5 de julio acogeremos en nuestra galería la exposición “Amoradas: red de arrú” en el que participa el colectivo de mujeres Fuente de Vida del Cono Sur, con el apoyo del área de Gobierno de Presidencia, Cultura, Educación y Seguridad Ciudadana del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria.

– “Amoradas: red de arrú” es una iniciativa artística de mujeres mayores, pionera en su sector, que ha acercado a más de 50 mujeres mayores del colectivo Fuente de Vida del Cono Sur al arte contemporáneo, implicándolas en su propio proceso de creación artística. Durante dos meses, las mujeres mayores del colectivo han participado activamente en el análisis de su propio papel e identidad en el arte contemporáneo. A través de las obras que ellas mismas han realizado, las mujeres artistas han abierto camino a nuevas ideas sobre la mujer y lo femenino, conscientes de los estereotipos y las construcciones sociales y culturales, orientadas por las artistas Nira Santana Rodríguez y Macarena Nieves Cáceres.
La inauguración, que tendrá lugar en la Galería Saro León, a las 20.30, cuenta con la colaboración del Área de Gobierno de Presidencia, Cultura, Educación y Seguridad Ciudadana la Concejalía de Cultura del Ayuntamiento de Las Palmas de Gran Canaria,  presentará los resultados de los dos meses de intenso trabajo del Proyecto “Amoradas: red de arrú”, de la mano de la concejala Encarnación Galván González, y de las artistas participantes en el proyecto.

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