BANNER1[3]

Plástico social

El plástico social está por todas partes. No como sublevación de los objetos ni como un concepto ampliado de arte, sino como materialización de las estructuras del pensamiento.

Cabe destacar el hecho de que cada una de las casas de una nueva urbanización de primer nivel en Lanzarote, esté equipada con una piscina estándar en forma de riñón sobre césped artificial en lugar de contar con una piscina comunitaria grande.

Del mismo modo, llaman la atención las regaderas en el cementerio de Berlín, enganchadas con un candado de bicicleta, una para cada uno de los difuntos, a fin de que sus allegados puedan cuidar su tumba hasta que ellos también fallezcan. Algunas regaderas parecen llevar mucho tiempo allí, incluso más que las tumbas que ya han sido vaciadas, solo quedan las regaderas como testimonio de los fallecidos, si no fueran anónimas y estuvieran abandonadas. Ya no son objetos de uso, tan solo objetos, a buen recaudo para toda la eternidad.

El plástico está por todas partes. Dicen que algunas playas, hoy en día, están formadas principalmente por granos finísimos de plástico y continuamente oímos hablar de las ya legendarias islas de plástico flotante que navegan por los océanos como expresión de nuestra convivencia.

Aunque no hace falta viajar hasta ellas, los tubos de plástico nos traen de vuelta a la civilización, los bolardos de plástico intentan en vano llevarnos por el buen camino y las flores de plástico se marchitan ante las tumbas de nuestros antepasados.

Los ajados maniquíes en los escaparates de los interminables y laberínticos pasillos que conforman los bazares de Teherán nos muestran las existencias iraníes sobre plástico fundido. Narices, orejas, todo aquello que sobresale, han sufrido diversos golpes, pero aparentan tranquilidad, conservan su forma en lo posible, estoicamente, pero resultan bellas a su manera a pesar de las lesiones sufridas.

El plástico dura mucho, mucho más que nosotros, de plástico están hechos incluso los contenedores en los que reciclamos el plástico y las cubiertas de las plantaciones de plátanos continuarán ondeando al viento mucho después de que nuestras cenizas se hayan dispersado.

Social plastic is everywhere. Not as a rebellion of objects and also not as a widened concept of art, but as a materialization of thought patterns.

Remarkable when each of the individually designed houses of a new upscale settlement in Lanzarote is equipped with its own standard kidney shaped pool tub on artificial turf, instead of creating a large basin for all residents.

It is also remarkable when there is a watering can for every dead person in the cemetery in Berlin, chained with a bicycle lock, so that only the authorized survivors can pursue grave maintenance until they die as well. Some cans look as if they have been persevering for so long that even the graves belonging to them have been leveled long ago. Then there are only the cans that could bear witness to the dead, if they not have been already anonymous and abandoned. They are no longer used objects, only objects, well secured; forever.

 Plastic is available all over the world, some beaches today consist mainly of the finest plastic grains – it is said – and there is always talk of the legendary floating plastic islands that rotate in the oceans as an expression of our coexistence.

But it is not worth the trouble to travel there. Plastic tubes supply us with civilization, plastic traffic bollards try vainly to channel us correctly, and plastic flowers wither in front of the graves of our ancestors.

The battered mannequins in the apparently endlessly networked interwoven and winding corridors of Tehran’s bazaars represent Iranian existences cast in plastic. Noses, ears, everything that protrudes is struck by various falls; but they behave calmly, keeping their form as far as possible in stoic silence, stilled beautiful in their injury.

 Plastic has been around for a long time. Longer than us. Even the containers in which plastic is to be disposed of are made of plastic, and the tarpaulins over the banana plantations still flutter in the wind when our ashes have long since disappeared.

Comparte la noticia

Share on facebook
Share on google
Share on twitter
Share on linkedin
Share on pinterest
Share on print
Share on email
Simbolo

+ NOTICIAS

A-moradas:red de arrú

La Galería Saro León acoge la exposición “A-moradas: red de arrú”, una mirada de sensibilización desde la mujer A partir del día 5 de julio acogeremos en nuestra galería la exposición “Amoradas: red de arrú” en el que participa el colectivo de mujeres Fuente de Vida del Cono Sur, con el apoyo del área de

Leer Más >>

La Galería Saro León en ArtParis 2019

Este año Art Paris dedica una sección al arte latinoamericano, siendo nuestra artista representada Betsabée Romero, la encargada de llevar a cabo un proyecto de gran envergadura y relevancia: la intervención de la fachada de entrada del Grand Palais, donde la artista representa un cortejo fúnebre al coche en la ciudad. Además, contamos con un

Leer Más >>

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies

Este sitio web está aún en construcción. Esperamos poderles mostrar la versión completa en breve.
This site is still under construction. We will show the completed version shortly.